La especulación artística entra en el Reina Sofía

Hans Haacke. Castillos en el aire

Museo Reina Sofía. 15 de febrero – 23 de julio de 2012

Pensemos (y ya vamos bien, teniendo en cuenta el sujeto del tema). Pensemos, iba diciendo, en arte conceptual, y seguramente el nombre de Haacke nos acuda rápidamente a la cabeza, y es que precisamente el Museo Reina Sofía alberga estos días una de esas exposiciones dogmáticas que ilustran por sí mismas una parte de la reciente Historia del Arte; “Castillos en el aire” con los que el emblemático museo se ha servido para hacer un recorrido por las obras más significativas del artista conceptual alemán.  La primera obra a la vista se presenta como una cómplice anunciadora de lo que uno se va a encontrar en las salas venideras; se titula “Nothing to declare” de 1992,  obra expuesta por primera vez en la John Webber Gallery de Nueva York en 1992 y que actualmente pertenece a la colección del artista, en la que 7 marcos de cuadros aparecen colgados de un techo pendiendo de un hilo sobre un más que amenazante portabotellas con pinchos. “Metáfora de lo peligroso e inestable que puede llegar a ser el arte”, me digo a mi misma (puestos a ser conceptuales, una se puede permitir el lujo de elucubrar lo que quiera). A continuación, esta sensación funesta se acentúa al recorrer una sala alargada en la que una instalación videográfica teletransporta al visitante al fallido ensanche de Vallecas, inacabado y desangelado, fruto de la especulación inmobiliaria. Paradójicamente, las calles de ese Vallecas llevan nombres de movimientos artísticos, razón por la cual, intuyo, Haacke sintió interés en 2010 por reflejar este suceso como analogía de la especulación artística, dando continuidad al leit motiv de su carrera tratado en otras obras también presentes en la exposición, como “Sol Goldman and Alex di Lorenzo Manhattan Real Estate Holdings, a Real Time Social System, as of May, 1, 1971”, en la que se denuncia un caso de especulación similar ocurrido en Nueva York (ciertamente hay pocas cosas menos regionales que la corrupción). Con una museografía fría, quizá lo más adecuado para una exposición conceptual de libro como esta, uno se encuentra con una exposición con fuerte carácter documental e intención a veces demasiado pedagógica, (llevando casi a lo ridículo la voluntad divulgativa al colocar a modo de ejemplos obras que ilustran los movimientos artísticos de las calles del citado ensanche fallido de Vallecas). A pesar del aturdimiento de algunos de los visitantes que se marchan totalmente desinteresados al no entender por qué hay documentos enmarcados y no “cuadros de verdad”, es una exposición imprescindible en la que la emoción reside en la indignación que uno experimenta al enterarse de los hechos denunciados por el artista; una emoción en definitiva, que reside en el estímulo conceptual.

Ana Ferrero Horrach

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