Cuando el arte pidió cita en la peluquería

El jueves pasado, ya de vuelta a casa, cansada después de uno de esos días de ajetreo continuo, recibí una repentina invitación para asistir a la inauguración de una exposición. Los únicos datos que teníamos sobre la misma era que ésta se iba a celebrar en la Costa de sa pols de Palma. Cuando llegamos a la emblemática calle, nos desconcertó el hecho de no encontrar ninguna galería de arte y nos empezamos a preguntar si no nos habríamos equivocado de lugar. En pleno momento de dudas “pseudoexistenciales” sobre cuál iba a ser nuestro próximo movimiento, por fin nos dimos cuenta de que había un barullo de gente cerca de la puerta de un local que al acercarnos, descubrimos que se trataba de una peluquería, donde  precisamente, se estaba llevando a cabo la “prometida inauguración”.

Una vez dentro, superada nuestra sorpresa por lo insólito del lugar, nos topamos de lleno con un ambiente cálido, repleto de gente alegre con copas y canapés en la mano, que disfrutaba del maridaje que se estaba produciendo entre las pinturas del artista Jaime Colorao (Santiago de Compostela, 1953) y el encantador espacio de la atípica (por la exquisitez del lugar) peluquería de Carlos Martín, quien a modo casi de mecenas moderno, se ha sumado a la tendencia cada vez más extendida de promocionar  artistas en lugares que no son los típicos equipamientos culturales.

Con estas iniciativas que sin duda ayudan a dinamizar el ambiente cultural de un lugar tan necesitado de ello como es Palma, además se fomenta en cierta manera la democratización del arte, pues se contribuye a romper las barreras que mucha gente aún se autoimpone al encontrarse con la supuesta frialdad de las galerías de arte tradicionales. Superando así el cubo blanco, paradigma del espacio expositivo moderno, la gente puede empezar a perder el miedo al arte dejándolo de ver como algo únicamente destinado a las élites de la sociedad, para asimilarlo en cambio como lo que debería de ser; un medio para el goce y enriquecimiento personal de todo el mundo, pudiendo ser disfrutado no solo desde esa especie de sacralidad que imponen los museos (aunque sin lugar a dudas son irremplazables y su papel es fundamental dentro del sistema del arte) sino también desde la levedad de una velada de vino, música, charlas y risas.

Un pensamiento en “Cuando el arte pidió cita en la peluquería

  1. Excelente idea la que han tenido para la muestra y muy bueno tu artículo: es ameno y está relatado con ingenio.
    Como tú dices ,es importante acercar el arte a la gente y este tipo de programas es de gran ayuda y por suerte está en auge. Son tendencia los conciertos sinfónicos en una estación de trenes, música por sorpresa en un shoping o bar, muestras de arte en plazas y paseos, presentación de libros en agencias de autos, todo es válido
    No solamente harán llegar el arte a más personas ,sino que tal vez despierten vocaciones y entre esos asistentes se encuentren los futuros artistas.

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