Por favor, que nadie regrese a este 2021 artístico

¿Para qué se visita una exposición de arte? Quiero decir, ¿qué va buscando en ella una persona que decide dedicarle sus valiosas horas de ocio? ¿Emocionarse? ¿Relajarse? ¿Sentirse estimulado intelectualmente? ¿Divertirse? ¿Admirarse por la técnica o habilidad empleada? O quizá, ¿dejarse cautivar por la belleza de las obras contempladas? Bien, pues nada de esto va a conseguir quien visite la exposición de las obras premiadas – finalistas y ganadora- del Certamen d’Arts Plàstiques Antoni Gelabert de los Premis Ciutat de Palma de esta edición. ¿De verdad esto es lo mejor que se ha hecho en el terreno artístico este último año? Porque, quizá soy yo la que va equivocada, pero entiendo que lo que busca un concurso de estas características es premiar las mejores obras artísticas. Este es el criterio que debería prevalecer, ¿no? Parece una cuestión obvia, pero es tal mi desconcierto con lo visto en esta muestra, que hasta llego a replantearme todos mis cimientos valorativos.

Hagamos un ejercicio sincero: si alguien, en el futuro, hiciera un viaje al pasado a este 2021 (que pinta tan bonito y halagüeño por cierto) y quisiera conocer en qué terrenos se movía el arte de nuestro tiempo, ¿estamos seguros de que éstas serían las obras que querríamos que viera? ¿Estaríamos orgullosos de mostrarlas como las mejores y más características de la producción artística actual?  Me atrevo a contestar que no. No conozco en profundidad los criterios que se han seguido para seleccionar las obras premiadas, pero me niego a pensar que esto es lo mejor que se está haciendo en el plano artístico actual.

En general, y con alguna meritoria excepción que me parece más divertido no decir para que cada uno que visite la muestra saque sus propias conclusiones, se trata de obras que ni emocionan, ni son comprometidas políticamente, ni pretenden mejorar el mundo, ni hablan de temas que realmente interesan a la sociedad, ni son bonitas, ni dan muestra de una especial habilidad propiamente artística.

Si tuviéramos que poner una etiqueta a la mayoría de las obras seleccionadas – en un 90% por cierto, vídeo e instalación-, ésta sería la de un arte conceptual perverso en una especie de concurso aburrido y pretencioso para ver qué artista tiene la idea más enmarañada; idea que por cierto, está 100km por delante de la propia representación. Leyendo las cartelas, (para las que se necesita casi más tiempo que para contemplar la obra en sí) una se plantea si el propio artista habrá disfrutado haciendo la obra.  

En cualquier caso, no debemos preocuparnos en exceso porque, a tenor de la pandemia y sus múltiples cepas, los huracanes, los terremotos, el cambio climático, la contaminación, y más sorpresitas que seguro nos depara este año tan prometedor, es improbable que nadie en el futuro quiera volver a este 2021 nuestro, por lo que no tendremos que avergonzarnos de mostrarle “lo mejor” del arte de nuestro año.

Crítica publicada originalmente en el Diario de Mallorca el 8 de febrero de 2021

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