Cuando lo que importa es el fondo

El título es acertado: “Diálogo sin límites”. La Galería Xavier Fiol de Palma presenta una exposición en la que las obras de Herbert Hamak y Tomislav Nikolic, los artistas seleccionados para exponer conjuntamente,  dialogan a la perfección en un interesante juego de similitudes. Tanto, que las piezas elegidas en la muestra podrían pasar incluso por ser hijas de una misma mano. Lo mejor de todo esto es que en este diálogo figurado poco tienen que ver las barreras idiomáticas o geográficas de los autores; uno alemán y el otro australiano, por cierto. Y es un diálogo sin límites, quizá, porque en la exposición no solo los artistas dialogan entre sí a través de sus obras, sino que el espectador es partícipe de toda esta conversación plástica que utiliza el arte como código.

Todas las obras presentan una particular característica: parecen una preparación infinita y colorista del lienzo que cobra tanta entidad que llega a constituirse como obra acabada. ¿Cuántos artistas no habrán vivido un proceso similar, en el que, preparando concienzudamente el fondo, han acabado por encontrar en él un resultado inesperado?

Es destacable el juego que Tomislav Nikolic hace con el marco, elemento que abandona su papel subsidiario para reivindicar su protagonismo tanto en el proceso creativo como en el resultado final de la obra. Es también interesante el trabajo de Herbert Hamak con la mezcla de pigmentos, resina y cera, para obtener piezas traslúcidas en las que la luz acaba penetrando las pinturas.

En este diálogo aparentemente intrascendente en lo que parecería simplemente una oda a lo estéticamente agradable y lo visualmente atractivo, en realidad se están cuestionando los roles tradicionales de los elementos que componen el objeto artístico. Se han invertido las funciones para hacer de la preparación del lienzo y el marco los elementos primordiales de la obra: metáfora para la esperanza de los eternos segundones.

Para compensar el minimalismo latente de la muestra, se hubiera agradecido quizá un mayor número de obras expuestas que habrían otorgado algo más de dinamismo, calidez y ritmo expositivo. En cualquier caso, se trata de una exposición alegre, donde el trabajo de materias, texturas y color copa el protagonismo de la muestra, descongestionando el panorama de la intensidad política e ideológica que estamos viviendo. Nada de conflictos o polémicas: tan solo el deleite en la contemplación estética y en el juego de lo inusual.

 

Crítica publicada originalmente en el Diario de Mallorca el 18 de junio de 2018

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