El canon de la realidad

Maravillosa, emocionante y monumental. La exposición Canon de Mateo Maté expresa, como pocas, un potente mensaje de manera elegante y sobria. Aparentemente, la muestra es una selección de copias de icónicas esculturas de la antigüedad clásica. En un primer momento el espectador puede sentirse atraído simplemente por la belleza de unas esculturas helénicas presentadas con imponentes juegos de sombras en una museografía muy acertadamente austera. Pero tras unos segundos de observación, algo inquietante se percibe en ellas. No son una copia de ninguna obra del arte clásico. Algo no encaja con el concepto idealizado de la belleza griega y romana. Mateo Maté se basa en esculturas antiguas de las que toma el nombre y la apariencia para proponer un canon alternativo. Este canon no está fundamentado en la sublimación de las formas armónicas, sino en la realidad de una sociedad actual heterogénea, dispar y llena de hermosas diferencias.

En algunas obras se dan leves modificaciones, en otras, hay cambios más evidentes. Encontramos un discóbolo – asociado históricamente a la supremacía de la raza aria- encarnado en un hombre negro, un Adonis obeso, una Venus del Esquilino embarazada, otra Venus anciana, un híbrido hombre – caballo, y, entre otras muchas piezas, una combinación del Dorífero con la Venus de Milo en una sola escultura, resultando una figura hermafrodita que, como gran parte de las obras presentadas, bien podría encajar con las reivindicaciones queer.

Así, todo lo que hubiera estado prohibido en el canon clásico de la perfección en la figura humana, toma protagonismo en esta exposición. Su trasfondo es la lucha contra la normativa impuesta de la belleza, no solo en la época antigua, sino la que continúa vigente hoy en día. La dictadura de lo armónico, de lo homogéneo, de la eterna juventud, de la delgadez, incluso de la supremacía racial, siguen presentes hoy en día afectando a mujeres… y a hombres. Se trata de una oda a las diferencias estéticas, morales e ideológicas, en un momento socialmente convulso como el que vivimos.

No queda duda que, después de visitar esta imprescindible exposición será imposible volver a ver las figuras clásicas originales de la misma manera pues con esta propuesta de Mateo Maté la belleza adquiere un nuevo significado.

 

Crítica aparecida originalmente en el Diario de Mallorca el 17 de diciembre de 2018

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