Ishokujuu: la artesanía que nos enseña a vivir

Ishokujuu es una expresión japonesa que hace referencia a tres necesidades humanas básicas para vivir: ropa, comida y cobijo. Inspirada en este concepto, la artista catalana afincada en Mallorca Tatiana Sarasa (Barcelona, 1966) presenta una exposición compuesta por varias instalaciones que ilustran la manera como ella interpreta cada una de estas cuestiones vitales a través del filtro del pensamiento del país del sol naciente.

Seis jerséis de lana japonesa, cada uno exhibiendo una palabra de la frase “Let us never cease from thinking” de Virginia Wolf, son la propuesta de la artista para expresar “ropa” (I) como necesidad. La carga simbólica de esta instalación se ve reforzada por una montañita de sal -sustancia purificadora según los nipones- ubicada justo debajo de la palabra “Thinking” significando la purificación de pensamientos.

¿Puede haber manera más bella y visual para ilustrar el concepto japonés de comida (shoku) que con un site specific de redes de pesca, cuencos hechos en origami llenos y vacíos -mostrando la desigualdad de recursos en el mundo- y bocas pidiendo alimento? Sarasa hace un despliegue de sensibilidad artística en unas obras en las que su materialización responde perfectamente a la frase de Rudolf Steiner: “El arte es alimento. Es reflejo. Es contemplación”.

La necesidad de cobijo (juu), por su parte, se plantea desde el conflicto que suponen las consecuencias del cambio climático y la obligación de colonizar otros mundos una vez que nuestra tierra quede yerma de recursos. Un texto de Stephen Hawking reflexionando sobre este tema acompaña una instalación formada por fotografías de casas habitando lugares inhóspitos e insospechados representados por lanas, construcciones también en origami, redes y cuerdas.

Tatiana Sarasa se recrea en la utilización de técnicas ancestrales como el tejido, el cosido o el bordado de materiales reciclados para potenciar el valor de lo artesanal y la beldad de lo humilde, y que aparecen representados en una pequeña instalación al principio del recorrido de la muestra.

En definitiva, el conjunto de instalaciones que dan vida a esta exposición son una hermosa alegoría plástica sobre la esencia del ser humano desde el prisma de la cultura oriental. Y es que la artista demuestra con estos trabajos una gran exquisitez y elegancia para plasmar que “la artesanía nos enseña a morir y así nos enseña a vivir”, que diría Octavio Paz. Muy recomendable.

Crítica de arte publicada originalmente el 17 de junio de 2019 en el Diario de Mallorca

 

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