La artista antropóloga

Mireia Sallarès es la definición misma de “una persona interesante”. Su arte, por tanto, no podía ser menos que la proyección de ella misma: interesante también.

Sallarès (Barcelona, 1973) es una artista polifacética, sólida en su discurso, que escribe, hace documentales, fotografías, instalaciones y además, se dedica a compartir abiertamente sus experiencias y reflexiones a través de conferencias que realiza por todo el mundo. La catalana es una artista filósofa, socióloga, antropóloga, irreverente “y molesta” solo si es necesario y no por exigencias mercantiles.

Ella es una mujer llena de vivencias e ideas forjadas al calor de lo que podríamos llamar una vida nómada. Y es que cuando Sallarès tiene un proyecto artístico, siempre con una fuerte vinculación antropológica, su vida misma se convierte en ese proyecto. Viaja a países como México, Serbia o allá donde su inquietud la manda, y lo deja todo para hacer de su vida un campo de experimentación artística, empapándose de la nueva realidad por la que lo ha dejado todo.

Ya tardaba el Casal Solleric en realizar una exposición sobre esta artista, una de las mejores del panorama actual, y que reúne en su obra inteligencia, sensibilidad, compromiso social, ingenio y una gran profundidad de contenidos. Se trata de una profundidad auténtica, “bien traída”, nada forzada (a diferencia de otros artistas contemporáneos que buscan rebuscadas y artificiales teorías para intentar dar sentido a su trabajo) que la lleva a consolidar un discurso que atraviesa temas trascendentales y que son, en definitiva y tal como reza el título de la exposición, “nuestros problemas”, aquellas cuestiones que se convierten en la principal preocupación de las personas: el amor, el sexo, la verdad, la vida, la muerte

En el Casal Solleric se puede ver una extensa muestra de sus principales proyectos, desde Las muertes chiquitas – el documental suyo quizá más conocido sobre los orgasmos en el que mujeres mexicanas hablan abiertamente de sus experiencias sexuales transitando entre la intimidad, el autoconocimiento, la política y el mundo común, hasta otros trabajos más recientes como la trilogía  de conceptos basura sobre el amor, el trabajo y la verdad Pero intentar aquí hacer un resumen de las ideas que emergen de los diferentes proyectos de la catalana sería injusto en cuanto a que simplificaría en exceso la profundidad de lo que realmente significan. No queda otra que visitar esta exposición dedicándole el tiempo que se merece, sin prisas, porque aquí no solo se trata de ver, sino del placer de reflexionar y cuestionar nuestros cimientos si hace falta a partir de las sacudidas conceptuales de Sallarès. Esto sí que merece la pena.

Crítica aparecida originalmente en el Diario de Mallorca el 22 de marzo de 2021

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