Cultupostal 8 desde París: “La Pinacoteca de París y el deseo de recuperar la magia perdida”

Pinacoteca de París. Foto Ana Ferrero Horrach

Pinacoteca de París. Colección permanente.

Querid@s tod@s,

Una incipiente corriente revisionista de los antiguos modelos museográficos se hace cada vez más patente, por lo menos, en la capital francesa. La semana pasada visité la Pinacoteca de París, y pude comprobar como son ya muchas las voces que se suman a la denuncia que se ha empezado a dejar oír desde diferentes sectores del mundo del arte, y que alerta de la necesidad de intervenir positivamente en la percepción de las obras de arte, mediando entre éstas y el público. Y no es que este modelo de museo frío, severo y austero haya dejado de funcionar, sino es que quizá nunca ha funcionado; el lamento de André Malraux, “El museo no puede convertirse en un cementerio”, es un indicio de ello. Y es precisamente esta misma frase del que fuera ministro de la cultura francés entre 1959 y 1969, la elegida por el director de la Pinacothèque de Paris, Marc Restellini, para presentar su declaración de intenciones con respecto a la línea museográfica del museo; todo un canto en contra de los convencionalismos que invaden el mundo de los museos, abogando por la libertad, el placer, y el componente lúdico en la percepción de las obras, dejando atrás la voluntad únicamente informativa, documental o de conservación. Por lo interesante y en cierto modo revolucionario de los conceptos expuestos en el texto que Restellini ha escrito para presentar la colección permanente de la pinacoteca, reproduzco aquí parte del texto traducido, en el que se plantea una ruptura con la tradición “enciclopédica” y ortodoxa del museo, sugiriendo un juego de percepción en el que no importa ni la técnica, ni la cronología, ni la temática de las obras, sino la magia y las sensaciones que estas desprenden.

Un abrazo, y hasta pronto.

“‘El museo no puede convertirse en un cementerio’. Esta frase de Malraux es importante. Es la confesión de un temor que, desgraciadamente, no se ha desmentido con el paso de los años, no solo en Francia, sino en el mundo entero.

Esta frase plantea una cuestión fundamental: el porvenir de la obra desde el instante en el que ésta deja las paredes del coleccionista para llegar a las del museo. Todo museo se crea, en efecto, gracias al coleccionista que lega, dona, vende, o simplemente presta sus obras. Del Louvre al MoMA no hay un solo museo en el mundo que no sea el fruto de la aportación de los coleccionistas.

Desde hace años, no paro de preguntarme sobre el motivo que hace que una obra pierda su fuerza tan pronto como ésta es expuesta en un museo. Teniendo la oportunidad de ver las obras en casa de los coleccionistas y de conmoverme por su riqueza, no comprendo porqué, cuando, años más tarde, me reencuentro con estas mismas obras en los museos, éstas no desprenden la misma magia, ese aura que tenían anteriormente.

¿Puede ser que fuese este mismo temor el que quería expresar Malraux, amante del arte confeso, que conocía tan bien a los coleccionistas y fue durante mucho tiempo el jefe de los museos de Francia como ministro de la Cultura?

Yo he querido (…) invitar a artistas de diferentes horizontes a prestarse a un juego de miradas en el interior de la colección permanente. Valiéndose de su legado, ellos intentan interpretar su tiempo e inventan el futuro, construyendo puentes entre épocas y culturas (…)

La transversalidad, como yo la llamo frecuentemente, ilustra esa pequeña comunidad fuera de lo común compuesta por los artistas de todos los tiempos, de todas las culturas, y de todos los orígenes, unidos por un mismo modo de pensar, de reflexionar, y de comportamiento. Por una concepción enciclopédica, todo museo tiende a hacer olvidar su razón de ser: hacer revivir las obras. Todas hablan de belleza, tienen referencias idénticas y cuentan historias universales. Éstas tienen entonces que poder ser colocadas juntas para poder dialogar entre ellas más allá de las fronteras, de las épocas y de las técnicas, ya que nos conducen a una memoria común. Uno siente, por ejemplo, en los retratos fotográficos de Denis Rouvre la misma intimidad que en los óleos de Modigliani, incluso en los recortes de Raysse.

Olvidaos de todo lo que habéis aprendido o no habéis aprendido, dejaos llevar por las mezclas y las comparaciones, intentad encontrar las claves que se os son presentadas para escuchar las obras hablar. Es así como admirareis, sin lugar a dudas, las obras que es imposible ver habitualmente juntas. (…)

Experiencia piloto única en el mundo, el museo que hoy vais a descubrir recuerda que la comprensión de una obra se puede concebir de una manera lúdica y atractiva en el momento en el que deja aflorar su sensibilidad. Las obras no se tienen que contemplar aisladas, sino que se deben contemplar juntas en el juego de sus diferencias.

Para proponeros esta colección, he solicitado a numerosos coleccionistas que han aceptado seguirme en este proyecto y que han confiado en dejarme sus obras (…).” Marc Restellini

Pinacoteca de París. Foto: Ana Ferrero Horrach

Pinacoteca de París. Colección permanente.

Pinacoteca de París. Colección permanente.

Pinacoteca de París. Colección permanente.

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