Y a pesar de todo triunfó el arte: A.R. Penck

La vida del artista (salvo felices excepciones) no se puede tildar de fácil. En general, el artista pasa en algún momento de su carrera por la inestabilidad económica y familiar, crisis de creación, rivalidades entre colegas, incomprensión y demás reveses, para llegar, en el mejor de los casos, al reconocimiento y éxito profesional que, con más suerte aún, quizá alcance antes de su propia muerte. Y esto en condiciones normales. Si a todo eso le añadimos encima una censura política expresa que obliga a ejercer desde la clandestinidad, las dificultades para salir adelante se incrementan notablemente.

Es el caso de A.R. Penck, pintor, escultor y artista gráfico nacido en Dresde en 1939, y fallecido en Zúrich precisamente el pasado año 2017. Alejado de los círculos oficiales del arte alemán al principio de su carrera, este artista vivió su profesión desde la marginalidad, la clandestinidad y la continua vigilancia de la STASI, la policía secreta de la República Democrática Alemana. Llamado realmente Ralf Winkler, el de A.R. Penck fue sólo uno de los diversos pseudónimos que se vio forzado a utilizar para firmar sus trabajos desde que quedara señalado ante las autoridades alemanas por haber formado parte de grupos radicales de artistas en su juventud y sus obras fueran confiscadas y destruidas.

Pero como nos decía un apreciado profesor de griego, es desde el sufrimiento y la desdicha desde donde el hombre es capaz de crear las más sublimes y desgarradoras obras de arte. Los antiguos griegos lo tenían claro: las adversidades hacen que la fuerza de la creación salga contestataria con más ímpetu, pues la introspección que precisa todo proceso creativo no se consigue fácilmente cuando uno está demasiado ocupado siendo feliz. Y así hizo Penck. Sus difíciles circunstancias vitales no sólo no supusieron un freno para el desarrollo de su arte, sino que más bien se convirtieron en un potente motor creativo que le llevó a exponer por todo el mundo. En 1981 Penck consiguió el prestigioso Premio Rembrandt de pintura, consolidándose así como uno de los mayores representantes del neoexpresionismo de los años 80, con sus obras de figuras esquemáticas y colores planos, marcadas por un evidente primitivismo inspirado también en la inmediatez del arte urbano.

La Galería Kewenig de Palma ofrece hoy, en su línea de exposiciones dedicadas a artistas consolidados, una muestra homenaje a la trayectoria pictórica este autor cuya carrera ejemplifica bien como la perseverancia y el genio artístico son más fuertes que cualquier adversidad impuesta. Recomendable.

Crítica aparecida originalmente en el Diario de Mallorca día 15 de enero de 2018

 

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