Pon una vanguardia en tu vida

Las vanguardias históricas han sido, quizá, uno de los momentos más fascinantes de la historia del arte. Nunca como hasta esa fecha se tambalearon de manera tan potente los cimientos que habían sustentado los principios que regían las artes plásticas. La historia del arte se había ido construyendo, desde la antigüedad clásica hasta principios del siglo XX,  a partir de una evolución de pequeños cambios básicamente formales aderezados con algunas precisiones o cambios de enfoque a nivel conceptual. La diferencia entre el barroco y el neoclasicismo, por ejemplo, parece tan solo un matiz en comparación con la revolución que supusieron los diferentes movimientos de vanguardia que dominaron el arte occidental de hace un siglo: ruptura total a nivel conceptual, técnico y formal. Ruptura también con el público.

Ha sido tal el impacto de las vanguardias artísticas, que éstas han sido las protagonistas de muchas de las exposiciones que se han ido organizando hasta la fecha. La actual muestra que ocupa las principales salas del CaixaForum de Palma es una de ellas. Pero la del CaixaForum no es una exposición más. La muestra no se doblega ante la tentación de ofrecer el fácil y evidente recorrido histórico articulado a partir de la segmentación de los diferentes movimientos artísticos, sino que propone una división temática y transversal de las salas, con la dificultad que ello conlleva. De hecho, a pesar de la originalidad y la solvencia de los conceptos, algunas de las salas presentan un contenido algo forzado y repetitivo. En cualquier caso se agradece el intento. Lo que es evidente es que la muestra resulta indispensable por la notoriedad de sus artistas: Picabia, Man Ray, Arp, El Lissitzky, Schwitters, Tzara o Delaunay.

El vídeo, medio de expresión usado prácticamente por todos los movimientos de vanguardia como un canal más para la experimentación artística, está presente a lo largo de la muestra. Así, el visitante puede visionar fragmentos clásicos del séptimo arte como Un Perro Andaluz de Luis Buñuel, Anémic Cinéma de Duchamp, Entr’acte de René Clair, Modern Times de Charles Chaplin o El acorazado Potemkin de M. Einsestein. Hay además una interesantísima sección dedicada al diseño y la publicidad que enseña la manera como las vanguardias atravesaron la vida cotidiana de principios de siglo con etiquetas para quesos, cocinas, sillas, neveras, cafeteras, secadores de pelo y demás utensilios diseñados por reconocidos artistas de la época. Es destacable asimismo el espacio didáctico infantil, pues invita a los más pequeños a elaborar un manifiesto artístico propio para conseguir un mundo mejor, tal y como en su día hicieron Dadá o los Surrealistas.

En definitiva, se trata de una exposición inteligente, atractiva, didáctica, acertada y completa que resulta una buena opción para conocer mejor algo más de este período bullicioso en el plano artístico que marcó los fundamentos de lo que es hoy el arte contemporáneo.

Crítica de arte publicada originalmente en el Diario de Mallorca el 27 de mayo de 2018

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