No es abstracto todo lo que parece

Una obra de arte, si es verdadera y sincera, refleja de alguna manera el mundo interior de su autor. Si no está pervertida por otro tipo de intereses de mercado o estrategias de promoción comercial, al final es como una prole, en versión plástica, que recibe alguna de las características de su progenitor artístico. No en vano, son muchos los artistas que asemejan sus cuadros a sus propios hijos: son la herencia material que ellos dejan en este mundo.

Pero una obra de arte solo adquiere sentido cuando es observada por el espectador. Por mucho que la creación lleve el ADN del artista, la manera como esta obra es percibida, descodificada, analizada e interpretada depende del público que la observa, que, siguiendo con este ejemplo, aporta la epigenética necesaria para  descifrar la información legada por el artista, que dependiendo de un espectador u otro, será interpretada de diferente manera.

En otras palabras y ya en términos más llanos, una obra de arte tiene tantos significados como espectadores que la observan. Éste es precisamente un concepto sobre el que trabaja Raúl Domínguez (Barakaldo, 1984), que expone por primera vez en la Galería Pelaires en colaboración con el CCA Andratx. En esta muestra, titulada “Es ir a”, el artista presenta una serie de dibujos en variadas técnicas y formatos realizados desde 2014 hasta la actualidad.

A simple vista, cuando uno entra en la sala, ve un conjunto de obras que parecen abstractas. Garabatos emborronados de negro. “El artista no está pasando por un buen momento”, podría ser fácilmente un comentario surgido de algún visitante de la muestra. Al acercarse algo más, las formas erosionadas por la distancia van adquiriendo un significado, que se antoja diferente según la imaginación de quien esté completando la imagen. Ya no son obras abstractas, nuestros mecanismos cognitivos nos han sacado del error. Detrás de la aparente anarquía de formas se esconden pequeñas escenas, algunas muy duras e inquietantes, enmarcadas en paisajes sombríamente muy bellos. Pero claro, esta es una interpretación: la mía, fruto del filtro de mi propia experiencia y bagaje personal. Para otra persona, el significado será algo diferente. Precisamente esto es lo maravilloso del arte y lo que, por otra parte, tanto asusta a las mentes cerradas que no soportan perder el control del pensamiento único dirigido. Que cada uno que visite esta muestra se sienta libre de explorar en su imaginario interior y a partir de lo que le ofrece Raúl Domínguez, cree su propia versión de la obra.

Crítica publicada originalmente en el Diario de Mallorca el 6 de mayo de 2019

 

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