Parque de atracciones en el Museo

Es, quizá, el primer género que ha existido en la Historia del Arte. Uno de los primeros impulsos de los humanos en las cavernas fue dejar constancia de su existencia. Lo hicieron simplemente con las huellas de sus manos, y ésta fue, en esencia, la primera tentativa de retrato. Desde entonces, cada época de la historia ha hecho del retrato el buque insignia de su identidad, plasmando de una particular manera la imagen de aquellos que querían desafiar su inexorable ausencia futura.

La exposición FACES de Es Baluard trabaja con el concepto de revisión histórica del retrato. Para ello, sin embargo, no hace un recorrido por todas las épocas que nos anteceden sino que se limita, con acierto, a contraponer los retratos realizados en su mayoría en el siglo XXI con medios digitales (cuyas obras provienen de la Colección BEEP de Arte Electrónico) a aquellos realizados en lo que ahora casi parece una eternidad, en pleno siglo XX (provenientes de la propia colección de arte moderno y contemporáneo de Es Baluard).

Como destacan los propios comisarios de la muestra, hay una diferencia básica entre unos y otros, y es que, los retratos realizados gracias a los avances tecnológicos, en su mayoría, necesitan nutrirse de la presencia del espectador para poder adquirir su sentido pleno. Por primera vez, por tanto, el retratado no es alguien ausente sino que necesita estar presente. Esto es así porque se trata de obras interactivas en muchos casos, que buscan la complicidad del espectador para mostrarse en su plenitud. La obra Alfabeto de Marcel·lí Antúnez (Moià, 1959) es un ejemplo, pues consiste en una instalación de madera que reacciona con sonidos a partir de la presencia del espectador que hace activar sus sensores. También la obra Bioma de Solimán López (Burgos, 1981) requiere activamente del visitante, pues transforma su identidad en una abstracción digital gracias a unos sensores que recopilan sus datos biométricos. El espectador recibe, al final de todo este proceso, un ticket con una referencia de internet para poder buscarse en la nube.

No hay duda que la exposición es muy interesante -con obras de referencia en el arte electrónico como M3X3 de Analivia Cordeiro (Sao Paulo, 1954) o Mano térmica de artista de Lugán (Madrid, 1929)- pero sobre todo, es divertida. Hasta tal punto es entretenida que con tanta interactividad y sorpresas escondidas, el espectador puede llegar a olvidarse por unos instantes de que está en un museo para sentir, más bien, que se encuentra en un parque de atracciones.

Crítica publicada originalmente en el Diario de Mallorca el 16 de septiembre de 2019

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s