La moda como anzuelo

¿Cómo hacer que el gran público visite una exposición de arte? ¿Cómo conseguir atraer al público local a ver el museo que lleva el nombre del lugar en el que nació? Como es bien sabido, permanece desconocido aquello que paradójicamente está más cerca de nosotros. Es increíble constatar la cantidad de romanos que no han entrado nunca en el Coliseo, o la de parisinos que no han subido jamás a la Torre Eiffel. Los mallorquines no somos diferentes.

Quizá para atraer al público local y captar a un perfil de visitantes más amplio que el suyo habitual, el Museo de Mallorca se ha aliado con la Colección Antoni de Montpalau para presentar una exposición temporal de temática muy seductora en la que la moda se convierte en el anzuelo utilizado para guiar una visita por el arte que reside en las salas de esta importante institución.

Los comisarios de la muestra “100 años de Glamur” proponen una relectura de la colección permanente del Museo poblando sus salas con maravillosas piezas de alta costura de Coco Chanel, Pedro Rodríeguez, Cristobal Balenciaga Christian Lacroix y muchos otros diseñadores entre los que se incluye a varios mallorquines, que conviven y a la vez compiten en majestuosidad y belleza con las piezas de arte antiguo, medieval y contemporáneo expuestas en el Museo. Se trata de una temática amable, que busca el difícil pero necesario equilibrio entre entretenimiento, educación y rigor histórico en una institución de estas características.

Uno de los aciertos de la muestra es haber logrado dar sentido y coherencia a la elección y emparejamiento de cada vestido, por lo que no hay nada gratuito ni dejado al azar consiguiendo así una difícil y sorprendente conexión formal y estética entre piezas de vestir y obras plásticas.

Hagamos todos un pensamiento y reflexionemos sobre el sentido que tiene ignorar las joyas que tenemos en casa para luego marcar como imprescindibles ciertos museos o monumentos que nos empeñamos en meter con calzador en las maratonianas visitas que nos planeamos cuando estamos de viaje. El Museo de Mallorca ofrece en esta ocasión una buena oportunidad para que aquellas personas que aún no conocen el museo más importante de la isla en cuanto a alcance cronológico y número de piezas de colección, visiten por fin sus salas y se dejen seducir no solo por los vestidos de alta costura que se esconden traviesos entre pinturas, cerámicas y esculturas, sino sobre todo por las valiosas piezas de arte mallorquín que en él se exponen desde hace años.

Crítica publicada originalmente en el Diario de Mallorca el 20 de enero de 2020

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